Los estudios antropológicos nos demuestran que las culturas más ancestrales y longevas tienen denominadores comunes como el consumo de alimentos fermentados. Encontramos zonas del Cáucaso que toman fermentos como el Kéfir u otros lácteos fermentados, en zonas de Asia dónde se toman derivados de la soja fermentada… y así sucesivamente en todas las culturas más longevas.

 

La salud empieza en el intestino y nada repuebla la flora como los alimentos fermentados. Aumentan el sistema inmune, regulan el peso, mejoran la absorción de alimentos, mejoran digestión, ayudan a la síntesis de vitaminas y mejoran la respuesta de la insulina. Las personas con un sistema digestivo débil, deben iniciarlos poco a poco.

 

¡Así que adelante, estos tipos de fermentos son sanos! Yogur, kéfir, chucrut, cambucha, tempeh, miso. En el caso de comprarlos en supermercados es imprescindible que no estén pasteurizados, ya que no tienen bacterias.

 

Incorpora comidas fermentadas, van bien para tu salud.

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